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  • Foto del escritorEdith González

FLORES POR SEXO

¿Quién no ha sucumbido de amor y alegría ante un racimo de flores, una aromática flor o un prado lleno de flores de colores, texturas y olores deliciosos?


Sí, las flores y plantas pueden provocarnos sensaciones exquisitas, no en vano los primeros cristianos veían en la reina de las flores, la rosa, el símbolo de la lujuria, hasta el extremo que la iglesia católica prohibió su uso en cualquier ceremonia.


En el México prehispánico las flores tenían jerarquías, eran para los señores, nobles y guerreros destacados, si algún otro las tomaba se merecía la pena de muerte. Desde que Carl von Linneo, el gran botánico del siglo XVIII, las clasificó por sus órganos reproductivos (los estambres, masculino y pistilos, femenino), el mundo vegetal no ha dejado de tejer historias de amor, sexo y pasión. Incluso un siglo antes, en 1696 el médico botánico Rudolf Jakob Camerarius ya había publicado De sexu plantarum epistola (Epistola acerca del sexo de las plantas).


Y es que hablando desde la óptica botánica, regalar flores es como regalar órganos sexuales. Las flores son los órganos reproductivos de la mayoría de las plantas (casi el 70%) y como bien dijo Linneo “el cáliz es el lecho nupcial en el que estambres y pistilos se unen", de ahí que también en esta colorida parte se encuentren los ovarios, óvulos, estigma, y polen, entre otros órganos. Aunque también existen plantas asexuales, como los hongos, algas o tubérculos, que se reproducen por esporas o división celular. Estas plantas, aunque tal vez menos impresionantes, son muy importantes porque fueron las primeras en poblar la Tierra hace ya mas de 4 mil millones de años.


Y ¿cómo tienen sexo las flores?


Al acto sexual se le llama “polinización”, que no es más que el paso del polen a través del estigma de la flor hasta llegar a los óvulos, ahí se realiza la fecundación de los mismos y empieza a engendrarse una semilla que luego crecerá, saldrá y será otra planta. Ah, pero ¿cómo llega el polen a los estambres? Pues aquí se pone más candente la cosa, ya que la mayoría de las flores necesitan de ‘un tercero’ que disemine su polen, entrando al quite las abejas y avispas, sus principales polinizadores, además de murciélagos, pájaros, mariposas, escarabajos, insectos u otros ‘terceros’ que ayudan a que esta cita a ciegas pueda lograrse, tal es el caso del el agua o el viento.

El 85% de las plantas con flores son polinizadas por animales o insectos, principalmente por abejas. Sin abejas, la humanidad se quedaría sin un 5-6% de la producción de alimentos.


Al igual que los humanos, las plantas ‘se enchulan’ para ser más atractivas y garantizar su reproducción. Muchas hacen trampa al hacer que sus flores se parezcan a sus polinizadores y éstos crean que ya encontraron a la pareja ideal.


Por ejemplo la orquídea abeja (Ophrys apifera) engaña por partida doble: se parece a una abeja y hasta produce la fragancia de la hembra en celo. Obvio, los machos locos por tener un rato de pasión, les eyaculan encima pensando que así dejarán descendencia, pero no saben que en realidad salen llenos de polen que esparcirán en otras orquídeas y así la infame tramposa orquídea garantiza su sobrevivencia.

La palabra orquídea viene del griego orchis, que significa testículo, son las especies que más engañan a sus polinizadores.


Otro ejemplo es la especie africana de margarita Gortea diffusa. Esta flor posee pétalos con manchas que imitan el cuerpo de la mosca hembra Bombiliidae, las ingenuas moscas macho son atraídas por el color, la forma y la falsa promesa de tener sexo, sin saber que serán timadas, engañadas y utilizadas por las bonitas y mentirosas margaritas.

Con su engaño, la Gortea diffusa no sólo se evita el desgaste energético de producir néctar, sino que logra que la mosca se lleve su polen a otra flor.


Flor Cadáver (Amorphophallus titanum)


Otras trampillas coquetas de las plantas son el color, la fragancia y el néctar. Pétalos rojos atraen a aves, amarillos a abejas y blancos a mariposas nocturnas. Las fragancias pueden ser agradables al humano o no, como la Flor Cadáver (Amorphophallus titanum), que despide un olor fétido para atraer a sus dos únicos polinizadores: las moscas y escarabajos.


Las flores, al igual que los animales, son producto de la evolución y han desarrollado sus propios mecanismos de sobreviviencia, incluso muchas veces han coevolucionando con sus polinizadores, como sucede con algunas flores y mariposas. Ejemplo de ello es que muchas flores han desarrollando corolas largas y altas que solo pueden ser penetradas por las espiritrompas de las mariposas, de esta forma las flores evitan que otros La Mariposa de cristal (Greta oto) succionando polinizadores se roben su néctar.

el néctar de una lantana


En su proceso de evolución, Charles Darwin ya había observado que, cuando las flores son polinizadas por el viento, éstas no presentan colores llamativos, en cambio aquellas en las que intervienen insectos sí que presentan una amplia gama de colores y fragancias, es decir, que si los insectos no hubiesen aparecido sobre la tierra, nuestras plantas serían muy poco llamativas, con flores como las de los pastos, el roble, el nogal, el fresno, la espinaca, la acelga y las ortigas, que se fecundan por la acción del viento.


Sin la intervención de polinizadores animales o insectos, las plantas serían muy poco llamativas y escasas de color.


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