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Aplausos y nos quitamos el sombrero

-Se acerca el Día Internacional del Defensor del Medioambiente, ¿se celebra, se conmemora?


Un premio o reconocimiento siempre es motivante, significa que hicimos bien algo y que alguien se dio cuenta de ello. Sin embargo, es trágico cuando esa recompensa implica que logramos salir con vida, por encima de amenazas, golpes, insultos, vigilancia, violencia sexual o criminalización. ‘Un dulce amargo’, dirían algunos.


Esa sensación deja el Día Internacional del Defensor del Medioambiente, por recordarse el próximo 17 de julio, con la finalidad reconocer a las personas que defienden la tierra, el agua, los bosques o la biodiversidad, incluso con su vida.


No es casualidad que la mayoría de estos defensores sean indígenas, líderes locales o comunidades autóctonas con fuerte arraigo a la tierra, al entorno natural, a la gente o a su cultura.

Cada año la organización internacional Global Witness (GW) publica un índice mundial de amenazas a defensores ambientales. En el reporte del 2021 señaló: “a pesar de que la comunidad indígena apenas representa el 5 % de la población mundial, más de un tercio de los ataques fatales estuvieron dirigidos a integrantes de los pueblos indígenas”.


Las disputas por la tierra y los daños a los ecosistemas son las principales causas de movilización indígena en todo el mundo, pero más en América Latina, donde los ataques se relacionan con la explotación de recursos forestales, mineros, agroindustria, hidroeléctricas y otras infraestructuras.

Colombia lidera la lista. Desde el 2017 es el país con mayor cantidad de ataques en la región, este año registró 65 asesinatos; le siguen México con 30; Filipinas con 29; Brasil con 20 y Honduras con 17.

Sin embargo, “estos datos no reflejan la verdadera magnitud del problema, muchas veces los ataques no son denunciados o son mal registrados. El panorama es sombrío porque la evidencia sugiere que, a medida que se intensifica la crisis climática, también aumenta la violencia contra quienes protegen su tierra y nuestro planeta”, señala el reporte Última línea de defensa. Las industrias que causan la crisis climática y los ataques contra personas defensoras de la tierra y el medioambiente”.


De tal forma, el año más peligroso fue el 2020, con el registro de 227 asesinatos de defensores de la tierra y los ecosistemas.


La pandemia por la covid-19 creó un clima de abandono. En la mayoría de los países se suspendieron los procedimientos administrativos en materia ambiental, así como los plazos para tramitar juicios. En cambio, no fueron suspendidas las actividades económicas extractivas, de agroindustria, los megaproyectos, las obras de construcción. Fue un caldo de cultivo para la impunidad.

El ‘Nobel verde’


Para agradecer y reconocer el trabajo de defensores ambientales, en 1989 se creó el Premio Goldman, más conocido como el ‘Nobel Verde’. Cinco mexicanos se han ganado este prestigiado premio.

Edwin Bustillos (1996) ganó la presea por su lucha en la conservación de tierras tarahumaras y tepehuanas; Rodolfo Montiel Flores (2000), por su lucha forestal en la Sierra de Petatlán, Guerrero; Isidro Baldenegro (2005), por su lucha contra la tala ilegal en la Sierra Tarahumara, lo asesinaron en enero del 2017; Jesús León Santos (2008) por su trabajo en la reforestación de la zona de la Mixteca alta en Oaxaca y Leydy Pech (2020) por su liderazgo en una coalición que frenó los cultivos transgénicos en el sureste mexicano.


Sin duda, un premio importante que ha permitido que un mayor número de personas conozcan su trabajo a favor de la naturaleza, pero a costa de grandes sufrimientos. ¿Ha valido la pena? Claro que sí, Por ello, debemos hacer más por cuidar los recursos naturales, tal y como lo hacen miles de defensores ambientales en todo el mundo.



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