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  • Foto del escritorAlma Estrada

A comer plantas

-El ganado mundial y el grano del que se alimenta ocupan en total el 83% de las tierras agrícolas del mundo, pero produce solo el 18% de las calorías de los alimentos. Si queremos hacer frente al cambio climático debemos reducir la cantidad de ganado sobre el planeta.


En tiempos donde la realidad se confunde con la ficción, los alimentos no salen bien librados: quesos que no son quesos sino ‘tipo’ de algo, sopas que son un conglomerado de harinas y azúcares, embutidos que son una mezcla de hasta más de 100 vacas o cerdos, eso sí de diversas nacionalidades, carne que no es animal sino artificial, derivada de células in vitro, purés que contienen todo menos frutas o verduras, etc.

Si el alimento viene de una planta, cómaselo. Pero si fue elaborado en un planta, entonces ¡no!, así indica Michael Pollan, escritor, periodista y activista en su libro"El Dilema del omnívoro", en el que reflexiona cómo nuestra alimentación tiene implicaciones políticas, económicas y ambientales. El libro fue elegido en Estados Unidos como uno de los cien mejores ensayos de todos los tiempos.


No en vano organismos internacionales dedicados al bienestar mundial han señalado la importancia de cuidar lo que comemos como método para cuidar nuestra salud y la del planeta. Tal es el llamado a cambiar nuestra alimentación a una dieta saludable, basada mayoritariamente en plantas.

De las plantas obtenemos calcio y todo lo que necesitan nuestros huesos debido a la absorción de calcio y otros minerales.


Los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) señalan en el informe Suelos y cambio climático que será imposible mantener el cambio climático a raya si no hay una transformación del modelo de producción y consumo de alimentos, el cual pasa necesariamente por cambiar la dieta mundial de una basada en carnes a una basada en plantas. Estos cambios podrían evitar que para el 2050 millones de kilómetros cuadrados de tierra se destinen a la producción alimentaria evitando la emisión de hasta 8 gigatoneladas de CO2.

El ganado mundial y el grano que consume ocupa en total el 83% de las tierras agrícolas del mundo, pero produce solo el 18% de las calorías de los alimentos. Si queremos hacer frente al cambio climático el mundo debe reducir la cantidad de ganado sobre el planeta.


Por su parte, y ante el alza en enfermedades como la diabetes, la obesidad y el cáncer, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha dado su aval para este tipo de alimentación, al señalar que es recomendable “formar hábitos más saludables, sustentables y económicos”.


Sin embargo, cambiar de hábitos alimenticios no es tarea fácil para muchas personas en el mundo. El informe de la ONU El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021 indica que en efecto, “tener una dieta saludable ayudaría a controlar el aumento del hambre en el mundo, propiciar ahorros familiares y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”. Lamentablemente, a raíz de la pandemia por COVID-19 el hambre en el mundo aumentó un 10%, y a la fecha, destaca el informe, 800 millones de personas en todo el mundo padecen inseguridad alimentaria y malnutrición en todas sus formas porque no se pueden permitir una dieta saludable y alrededor de 3,000 millones de personas en el mundo simplemente no tienen la capacidad económica para alimentarse sanamente.


Salud vs economía


¿En realidad es caro ser saludables? Una dieta basada en plantas incluye alimentos de origen vegetal sin procesar, es decir, frescos, como verduras, frutas de temporada, hortalizas, frijoles, semillas, granos enteros y pequeñas cantidades de grasas saludables. Estos productos, se pueden conseguir en cualquier mercado local y por no ser procesados o industrializados, reducen significativamente sus costos. Además muchos se pueden consumir crudos, lo cual también implica un ahorro en el uso de gas.


La idea de una dieta a base de plantas es omitir el consumo de productos de origen animal como carne de res, pollo, cerdo, pescados o productos lácteos, sin embargo, éstos se pueden consumir una vez a la semana, lo cual permitirá ahorrar un poco más, ya que estos productos suelen ser más caros en comparación con las verduras , frutas y hortalizas, además que necesariamente tienen que cocinarse por largo tiempo.


Como en cualquier dieta, las porciones son importantes y la diversidad de alimentos debe cumplir la siguiente distribución:

Comer sanamente impacta en la salud de nuestro organismo y en la reducción de enfermedades. Se sabe que una dieta a base de plantas ayuda al organismo a disminuir el colesterol, la presión arterial, los niveles de azúcar y con ello prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial y la obesidad, así como a reducir

el riesgo de algunos tipos de cáncer.




Campaña nacional por la salud


A nuestro país le vendría bien impulsar una campaña nacional a favor de una alimentación saludable; aunque el etiquetado de alimentos y bebidas procesadas es un avance en la materia, aún estamos lejos de tener una población sana y bien alimentada.

En México, la ley de Etiquetado de alimentos y bebidas entró en vigor el 1 de octubre del 2020.


De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT, 2018) en México la mala nutrición ha provocado la disminución de la esperanza de vida, el 55% de los hogares padece insuficiencia alimentaria y 8.6 millones de mexicanos viven con diabetes y obesidad.

Tal vez deberíamos seguir el ejemplo de Suiza donde el gobierno implementó este año la campaña nacional Veggieday-Tasty Thursday (Día Vegetal – Jueves Sabroso), una iniciativa que pretende animar a ciudades, municipios, empresas, hoteles y restaurantes a que dejen de servir carne un día a la semana y con ello hacer frente al cambio climático.


Este pequeño país europeo no sólo es famoso por su producción y calidad de chocolates y quesos, sino por ser cuna del primer restaurante vegetariano en el mundo. Por el clima, por los animales, por la salud.


En 1898, en pleno corazón de Zurich, se fundó el Hiltl. Su origen, pese a las corrientes actuales, no se debió al cuidado del planeta ni a la conciencia sobre el derecho de los animales ni al ecologismo, sino a la salud: Ambrosius Hiltl padecía artritis reumática y por instrucciones del médico (cosa rara actualmente) cambió su dieta a vegetales crudos, frutas, cereales y frutos secos. Mejoró tanto su salud, que decidió compartir su propia experiencia abriendo un restaurante que a la fecha goza de prestigio internacional y sorprende a todos con su menú de más de 100 platillos vegetales con influencia de la gastronomía de todo el mundo.

En 1898 los comensales del Hiltl debían entrar por la puerta trasera del estrenado restaurante para no ser insultados. Comer vegetales y no carne, simplemente no se concebía propio de una sociedad rica y poderosa como la de Suiza.


Otro movimiento a favor de la comida vegetariana es el #LunesSinCarne, propuesto en el 2003 por una asociación civil estadounidense en coalición con el Centro de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg School for a Livable Future y la cual fue muy exitosa por sumar a la causa a estrellas internacionales como Paul McCartney, Woody Harrelson, . Y a su vez, esta campaña se inspiró en las campañas gubernamentales de reducción de consumo de alimentos en tiempos de guerra.


Ya sea por salud, por el cuidado de la Tierra o por el bienestar de los animales, dejar de comer carne es la mejor opción para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y cuidar los recursos del planeta que, recordemos ¡SON LIMITADOS!





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