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  • Foto del escritorEdith González

Género y cambio climático o cómo evitar la desigualdad social

- El cambio climático exacerbará las diferencias y agravará la discriminación, empeorando la situación de las personas, en general, y de las mujeres en particular.


Sí, el panorama en un futuro cercano pinta muy mal, no sólo en términos económicos, de empleo o de seguridad, sino también en los impactos climáticos. Lamentablemente, el panorama es aún más negro para las mujeres.

De acuerdo al estudio Género y cambio climático en América Latina, de la Alianza Clima y Desarrollo (Climate and Development Knowledge Nerwork, CDKN) a nivel mundial se considera que el cambio climático exacerbará las diferencias y agravará la discriminación, empeorando la situación de las personas, en general, y de las mujeres en particular. Esto permite concluir que es probable que se perjudiquen los avances en la igualdad de género logrados hasta la fecha porque el cambio climático alterará los medios de subsistencia, de tal manera que se redistribuirán las normas y las redes sociales. Se prevé que los roles de género tradicionales se acentúen o resurjan.


Sumado a este previsible retroceso en la equidad de género y a la creciente vulnerabilidad de las mujeres, se suma el factor muerte. En un análisis realizado por la Organización Mundial de la Salud en 141 países, se detectó que en promedio los desastres naturales matan más a mujeres que a hombres o matan a las mujeres a una edad más temprana que a los hombres, esto debido a que las mujeres son más vulnerables por sus roles y responsabilidades socialmente construidos.

A pesar de que los estudios sobre cambio climático y género aún escasean en el mundo, podemos encontrar algunos estudios –como los antes mencionados- que dan luz sobre este problema casi invisible. Incluso el Grupo Interagencial de Género del Sistema de Naciones Unidas en México, señala que la inclusión de la perspectiva de género a la problemática del cambio climático es reciente (GIG-Mx, 2009). Uno de estos estudios fue el promovido por la Secretaría del Medio Ambiente en el 2018, titulado Diagnóstico para conocer los impactos del cambio climático en mujeres y hombres de la Ciudad de México, coordinado por la Dra. Margarita Velázquez Gutiérrez, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género, (CRIM-UNAM). En dicho estudio, quedan asentadas de manera explícita las vulnerabilidades climáticas a las que se enfrentan las mujeres en entornos urbanos, tanto por cuestiones de género como de clase y vivienda (rural o urbano) y constatan los hallazgos de la CDKN sobre el ensanchamiento de las brechas de pobreza.


El estudio se realizó en 12 colonias de cuatro delegaciones: Iztapalapa, Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón y Milpa Alta, entre noviembre de 2017 y enero 2018. En los grupos focales participaron 186 personas en total con una edad promedio de 43 años, mientras que en la encuesta participaron 747 personas, 402 mujeres y 345 hombres.


De la población analizada (hombres y mujeres), la clase baja mostró mayor entendimiento y sensibilización de los efectos del cambio climático ya que los padece en su vida cotidiana: pierde bienes con motivo de inundaciones, padece más enfermedades por entornos contaminados (agua, aire), presenta mayor escasez de agua y gasta más dinero para contrarrestar el calor extremo (agua embotellada). En cambio la clase media y alta se mostró menos sensible ya no han tenido muchas implicaciones en su vida diaria, por ello perciben el cambio climático como algo que sucede y es más grave en otras regiones del mundo, generalmente zonas rurales, no en las ciudades.

En cuanto al género, los resultados señalan que los hombres tienen una visión más orientada a una lógica de argumentación política muy vinculada a un discurso basado en evidencia “científica” o más “objetiva”, en contraste las mujeres tiene una visión más práctica, de vida cotidiana. Por ejemplo, a la pregunta ¿cómo se manifiesta el cambio climático? las mujeres hicieron mucho mas énfasis en sus experiencias personales y cómo les afecta en el día a día tanto a ellas como a sus familiares; mientras tanto, los hombres se refirieron mucho más a la ciencia del cambio climático, vinculando los efectos de éste al deshielo de los glaciares y a la elevación de la temperatura global.

A la pregunta ¿de quién la responsabilidad? Los hombres hicieron mayor énfasis en el rol del gobierno y de las industrias, mientras que las mujeres se concentraron más en los comportamientos y actividades que ellas y sus familias pueden realizar como los comportamientos más sostenibles, por ejemplo, no generar tantos residuos, ahorrar agua, reducir el consumo de energía.


Estos resultados, nos recuerdan el estudio de la OCDE titulado Comportamiento del hogar y el medio ambiente que señala que las mujeres toman más del 80% de las decisiones con respecto al consumo y puede afirmarse que las mujeres tienden a ser consumidoras más sostenibles.


Otros resultados destacables fueron que los consultados afirmaron que el cambio climático es responsabilidad de todos siendo las causas tanto individuales como colectivas, sin embargo aún no perciben (hombres y mujeres) de manera evidente los riesgos en los que se pueden ver involucrados a raíz del cambio climático. De las principales amenazas en la ciudad, señalaron a los problemas ambientales en el tercer lugar, siendo el primero la violencia, seguido por la pobreza.


La perspectiva de género son sólo palabras en papel


Si bien, en la última década la transversalidad del enfoque de género en las políticas mexicanas para el cambio climático avanzó en el diseño y consolidación de instrumentos jurídicos y de política pública, este avance se ha quedado corto al no contar con un instrumento maestro de política pública en materia de igualdad de género y cambio climático.


En México contamos con el Programa Especial de Cambio Climático (PECC, 2014-2018) y el Programa Nacional para la Igualdad de Oportunidades y No Discriminación contra las Mujeres (PROIGUALDAD, 2013-2018), herramientas normativas que distan mucho de su aplicación, ya que muchas de ellas dependen de la voluntad política de las instancias gubernamentales nacionales o estatales que al no asignarles presupuesto, simplemente no se llevan a cabo, tan simple es el obstáculo como eso: la falta de recursos.

Otra muestra de esta falta de voluntad es que en ocasiones las políticas de transversalización del enfoque de género y los programas para el desarrollo de competencias en mujeres no tienen continuidad y cambian de acuerdo al calendario electoral.


Pese a estos obstáculos, sin duda importantes, existe otro fundamental que está en la raíz de todo, las políticas, programas y estrategias planteadas en los últimos años no han cuestionado los roles de género y las relaciones sociales de poder, que si bien están arraigadas en un complejo corpus cultural social, también es cierto que para abordar la problemática del cambio climático deben modificarse a fin de reducir las vulnerabilidades en razón del género.


En conclusión, de todos los estudios y diagnósticos que poco a poco se están realizando en temas de género y cambio climático, la constante es que sin duda se deben diseñar políticas públicas de largo plazo que atiendan la vulnerabilidad de las mujeres para evitar el ensanchamiento de las brechas de desigualdad.



Este artículo se publicó en la revista Ecosmedia,No. 102, marzo 2019.




Otras publicaciones sobre el tema son las siguientes:



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