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  • Edith González

Incluir a la comunidad para proteger la naturaleza

La Ciudad de México tiene 100 barrancas ubicadas al sur poniente, de ellas 28 están declaradas como áreas de valor ambiental, y aunque estos sitios son altamente valorados porque poseen abundante naturaleza, bosques, ríos y biodiversidad, a la fecha todas están contaminadas ya sea por descargas de aguas residuales, tiraderos clandestinos de basura y cascajo o urbanización irregular.

Las barrancas de la ciudad forman parte de la Sierra de las Cruces, una importante región boscosa que separa las cuencas de Toluca y México, su importancia ecológica es vital para la ciudad pues en éstas se recargan mantos acuíferos, se regula el balance hídrico, la captura de carbono y la retención de partículas contaminantes. Además, actúan como amortiguadores de ruido, regulan el microclima y son refugio de flora y fauna.


A pesar que históricamente la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), a través de la Dirección de Áreas de Valor Ambiental ha emprendido acciones de rescate, limpieza y revegetación, ninguna ha dado resultados permanentes, ya que la constante es la reincidencia, se limpian puntos críticos y al poco tiempo la comunidad vuelve a contaminar las barrancas o surgen nuevos tiraderos en otros puntos, es un eterno circulo vicioso.


De nada han servido las 380 toneladas de desechos sólidos acopiados mensualmente por la Sedema en 20 barrancas protegidas (19 toneladas diarias), al poco tiempo vuelven a estar sucias. Posiblemente, la única estrategia que ha funcionado es la instalación de biofiltros, biodigestores y humedales artificiales para el tratamiento de aguas residuales, pero aún así son insuficientes. A la fecha, se han colocado nueve humedales artificiales en las barrancas de Dolores y Barrilaco, en la alcaldía Miguel Hidalgo.


Entre todos sí se puede


Por el contrario, la estrategia que sí ha dado resultados es la inclusión de la comunidad para el cuidado y conservación. Así lo demuestran dos casos en particular: uno en la alcaldía Álvaro Obregón y otro en la Miguel Hidalgo.


En el primero, las y los vecinos de la colonia Colinas del Sur, organizados por la maestra Alicia Torres, lograron hacer realidad su sueño: proteger la barranca Mixcoac de las constructoras, restaurar el ecosistema boscoso conformado principalmente por oyameles (Abies religiosa), crear un parque local y fortalecer a la comunidad.

Ese sueño se llama Parque Ecológico Colinas del Sur, un Área de Valor Ambiental cuya superficie de 2.7 hectáreas posee una trotapista, aparatos para ejercicio, pozo de agua, salón de eventos, módulos de vigilancia, iluminación y actividades ambientales como jornadas de limpieza, de reforestación y de educación ambiental.


En el caso de la Miguel Hidalgo, los vecinos de la colonia Reforma Social, motivados por la incansable lucha de Adriana Bermeo lograron defender jurídicamente y de las garras de inmobiliarias un parque público y la barranca Barilaco.


Con estos ejemplos, se demuestra que para proteger la naturaleza, en este caso las barrancas, la participación de la gente, de la comunidad es fundamental. Como dicta la famosa frase combativa: con ella todo, sin ella nada.

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