• Edith González

Cuatro puntos para seguir en la #COP26

Actualizado: 29 oct 2021

¿La tercera es la vencida? Primero fue el Protocolo de Kyoto, luego el Acuerdo de París, ahora saldrá un tercer 'gran acuerdo' de la COP de Glasgow?


Está a punto de arrancar la famosa #COP26, EL evento climático más importante en la materia y el más esperado luego del famoso Acuerdo de París del 2015.


Cancelado dos años consecutivos, el primero en el 2019 por las revueltas sociales en Chile, el país sede, y cambiado a la mera hora a España con poquísimo impacto global, y el año pasado por la pandemia, el evento de este año se realizará en Glasgow, Escocia, del 31 de octubre al 12 de noviembre y, aunque expertos, políticos y activistas de todo el mundo quieren tener una esperanza sobre los acuerdos, la realidad es que se espera sea decepcionante, veamos porqué:


1 Ausencias importantes

De las 197 naciones que participan en la cumbre climática, se espera que al menos asistan las principales potencias contaminantes como China, Estados Unidos, Unión Europea, India y Rusia (en ese orden).


Los mandatarios de China y Rusia ya avisaron que no asistirán, tampoco lo hará Jair Bolsonaro de Brasil; Estados Unidos poco a poco a debilitado su discurso ambiental; India sigue en su rol de país con derecho al desarrollo y libertad de contaminación y la Unión Europea sigue sin querer soltar todo el dinero comprometido para la financiación climática hacia países pobres. Al respecto el presidente británico de la #COP26, Alok Sharma, ha anunciado que esta cumbre será la más difícil para alcanzar algún acuerdo global debido a la ausencia de los líderes de cada Parte (nación).


2. Más combustibles fósiles

Para mantener la temperatura global por debajo de los 2º C (actualmente estamos en 1,1 grados de incremento), se requiere que los países participantes (197) DOBLEN sus metas de reducción de gases de efecto invernadero (GEI), respecto a las prometidas en el 2015. Cosa que no sucederá debido a que la mayoría de los países tienen sus expectativas puestas en sus propios planes de recuperación post-pandemia, esto es, quemar más combustibles fósiles para recuperarse lo más rápidamente posible de la crisis económica. Así lo revela el Informe de Síntesis de la NDC, al señalar que los países aún tienen planes de producir grandes cantidades de combustibles fósiles durante la próxima década (un aumento del 16% de emisiones globales de GEI para el 2030 en comparación con el 2010), ello pese a sus promesas de trabajar por la neutralidad de emisiones de carbono y limitar el incremento de la temperatura global. Con ese incremento, señala el informe, con certeza alcanzaremos los 2,7 grados durante este siglo.

El más reciente informe del PNUMA sobre las #BrechaDeEmisiones señala que los compromisos climáticos para el 2030 representados en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés), no son lo suficientemente ambiciosos y ponen al mundo en camino a un aumento de temperatura global de al menos del PNUMA.


Con las NDC publicadas por las Partes al 31 de Julio de este año, para el 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero se incrementarán en un 16%, con lo cual la temperatura global podría alcanzar los 2,7 grados en este siglo.


3. Financiamiento climático en riesgo

De los pocos avances logrados en estos años está la cooperación internacional para la transferencia de tecnología hacia países pobres. La instalación de paneles solares en comunidades rurales, captura de carbono en bosques y océanos, instalación de estufas ahorradoras de leña o biodigestores y el impulso a la movilidad activa en ciudades, son algunos proyectos climáticos para la de reducción de contaminantes que han sido financiados por países ricos, principalmente Alemania y Bélgica.


Sin embargo, el punto de quiebre que NO ha sido discutido en ninguna cumbre climática y se espera se aclare en esta #COP26 es ¿a qué país se le contará esta reducción? ¿Al financiador o al receptor? De ninguna manera se podría contabilizar la reducción de GEI a ambas naciones, puesto que se estaría duplicando la cifra de emisiones, sin ningún beneficio para la lucha climática, entonces ¿se le contabiliza al país pobre o al rico? Si la reducción se toma a favor del país receptor, entonces ¿los países ricos seguirán con la voluntad de continuar con sus ‘compensaciones de C02’ sin obtener nada a cambio? ¿Será correcto que Ruanda, Burkina Faso, Brasil, México o Costa Rica, por poner algunos ejemplos, ‘presuman’ como sus logros climáticos dichos proyectos de cooperación internacional, y los países financiadores no obtengan nada a cambio? ¿sería el fin de las muy criticadas ‘compensaciones ambientales’ en el cual los grandes contaminadores (ya sean empresas o países) pagan para que otros no contaminen? Gran debate engloba el Artículo 6 del Acuerdo de París, el cual pondrá el acento en el futuro de la cooperación internacional.



4. El tiempo de agota

La humanidad tiene apenas 8 años para enfriar el planeta (ya nos comimos 2 años del último Decenio de las Naciones Unidas para restaurar los ecosistemas mundiales), para no emitir más emisiones contaminantes, para comer menos carne, para depender menos de los combustibles fósiles, para ser más eficientes con menos recursos y para hacer un cambio de paradigma en su forma de vida y consumo. Situación que se ve difícil si consideramos que desde la década del setenta, científicos de todo el mundo han alertado a la población de los riesgos del calentamiento global, que la primera Conferencia de las Partes (COP) se realizó en Berlín, Alemania en 1995, luego en la COP3 de1997 emanó el Protocolo de Kyoto que buscaba que las naciones más ricas (37) frenaran voluntariamente sus emisiones (ay ajá) y luego la otra gran cumbre fue la de París en 2015, cuando se les pidió a las naciones que se comprometieran ‘en serio’ y entonces surgieron las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés), es decir, el porcentaje de emisiones GEI que se comprometían a reducir al 2030. Obviamente nada ha sucedido. La ONU no puede hacer obligatorio ningún acuerdo global, todos son voluntarios y la voluntad ha brillado por su ausencia.



Qué esperar de la COP


En realidad, en un mundo que aún no sale por completo de la pandemia sanitaria de la COVID-19, hay muy poco que esperar de la cumbre climática. Apostamos a que el mayor acuerdo será (como siempre) ampliar el plazo para la reducción de emisiones GEI, ya no al 2030, sino al 2060, puesto que así se ha estado manejando entre algunos países como China y Arabia Saudita. Ninguna nación aumentará su ambición de reducción de emisiones (NDC) y en caso de que los europeos se pongan muy ambiciosos esto será más de palabra que de acción, puesto que no se establecerán salidas claras para un financiamiento climático rápido calculado en 100 mil millones de dólares anuales.


Por otra parte, ni el activismo y su creatividad organizativa estará presente. Los altos costos de la vida en Reino Unido, lo caro del transporte, los alimentos y el alojamiento es una barrera infranqueable. Pese a que el 6 de noviembre ha sido designado como el Día de Acción Global por la Justicia Climática y se espera una gran marcha mundial, en realidad la única activista que podría hacer un poco de ruido en los medios de comunicación es Greta Thunberg, gran activista sin duda, pero que no representa al amplio movimiento ecologista, como el del sur del mundo o el de los radicales de Extincion Rebellion.



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