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Publican libro inédito sobre plantas invasoras sudamericanas


Los invasores biológicos son capaces de adaptarse exitosamente casi en cualquier ambiente alterando a los organismos nativos al punto de hacerlos desaparecer. Por su enorme biodiversidad biológica las autoridades de América del Sur y el Caribe han tomado cartas en el asunto y acaban de publicar el Manual de plantas invasoras de Sudamérica, que presenta a las 43 especies vegetales más daniñas para el habitat natural.

De acuerdo con la coeditora e investigadora de la Escuela de Ciencias Ambientales de la Universidad Espíritu Santo de Ecuador, Ileana Herrera, se trata de un trabajo sin precedentes en Sudamérica, aunque en Suiza existe un libro similar, no es tan extenso como este, ya que contiene además de fichas descriptivas de cada una de las especies vegetales, su origen, usos, aspectos morfológicos y especies parecidas con las cuales pudieran confundirse, también contiene las características que podrían justificar la habilidad de estas especies para colonizar territorios ajenos y mapas de distribución basados en susceptibilidad climática, países afectados, posibles impactos y métodos de control.

La humanidad como agente dispersor

La principal causa del proceso de invasión biológica es el transporte de pasajeros y mercadería generado por la globalización, señala el manual. Pero la introducción de la especie a un sitio distinto a su hogar no es garantía de triunfo: para que sea invasora debe reproducirse, crecer y expandirse en el nuevo espacio geográfico.

Los autores del texto señalan que las invasiones biológicas raras veces ocurren debido a la gran cantidad de obstáculos que deben vencer para lograr su cometido, reduciéndose las probabilidades al 10%. De allí que las especies exitosas sean consideradas excepcionales o “superespecies”.

A pesar de su baja frecuencia, las invasiones biológicas son altamente nocivas. Un ejemplo es la planta Kalanchoe daigremontiana, originaria de Europa y África del norte, la cual posee glucósidos tóxicos para animales y humanos.

El pino americano Pinus elliottii puede ser más amenazante. Procedente de los Estados Unidos, este árbol es capaz de transformar las condiciones a su alrededor para su beneficio, propiciando el reemplazo de la flora local por individuos de su propia especie y pudiendo ocasionar la extinción de la biodiversidad original.

Territorio vulnerable

De acuerdo con la ecóloga Herrera, de las 43 especies identificadas en el Manual de plantas invasoras de Sudamérica, las que podrían causar los mayores problemas son Leucaena leucocephala y Melinis minutiflora. La primera, llamada comúnmente Acacia pálida o Tamarindo silvestre, es originaria de México y Centroamérica. Este árbol fija nitrógeno en el suelo, aspecto positivo en zonas destinadas a la agricultura pero perjudicial en áreas naturales, pues el exceso de nitrógeno afecta el anclaje de nutrientes de algunos ecosistemas.

La Melinis minutiflora, mejor conocida como Capímmelao o Pasto de gordura, es una hierba africana que almacena nutrientes de manera tan acelerada que produce biomasa en demasía. Esta materia orgánica acumulada en la superficie terrestre “incrementa la frecuencia e intensidad del fuego, disminuyendo la riqueza y diversidad de especies de sabana y bosque”, se indica en la obra.

La información científica desplegada en las fichas fue construida por 32 autores de Argentina, Ecuador, Chile, Venezuela, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil y México. Esta primera edición fue distribuida de forma impresa en Ecuador y Chile, gracias al financiamiento de Iniciativa Científica Milenio del Ministerio de Economía -ejecutado por el Instituto de Ecología y Biodiversidad- y el Financiamiento Basal de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), ambos institutos de Chile.

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